4/3/12

Anatomía de una imagen: «El ciclo de la tinta»

En mi Proyecto 365 he tenido de todo. El hecho de estar forzado a hacer una foto cada día me llevaba a plantearme un cierto modus operandi que me permitiera tener ideas lo suficientemente «buenas» como para que se mantuviese el nivel. Pronto descubriría que hacer una foto al día es mucho más duro de lo que puede parecer.

Una cosa es hacer una foto de un objeto, de un sitio o de una persona así, a lo simple. Por el mero hecho de plasmar el momento vivido, que es lo que mucha gente acaba haciendo; y otra muy distinta es intentar que cada una de esas fotografías cuente una historia, una pequeña y diminuta viñeta. Hacer eso cada día es harto complicado. Y la verdad es que con ese doble reto he descubierto una verdadera pasión por el mundo del bodegón. Aunque esa palabra («bodegón») no me acaba de gustar porque tiene muchas reminiscencias de esas escenas con fruta, vajilla y velas sobre un fondo carmín.

Tenía una premisa: si tengo que convivir con algo durante un año, al menos intentaré pasármelo bien; porque si no, si me lo planteo como una obligación aburrida o sin sentido, mejor lo dejo correr. Así que, ya desde la foto #1, me tomé el «humor» y el «doble sentido» como unos de los puntos importantes. Luego, con el paso de los días, he visto que ese humor en realidad acabaría siendo «humor negro», pues la muerte y otros temas con un cierto punto de polémica (como el sexo, la política, la crisis, e incluso ciertos momentos de la actualidad como el accidente del Costa Concordia o la supresión de Megaupload) acabarían siendo grandes aliados en mi rutina fotográfica.

Tengo intención de hablar, poco a poco, sobre cómo hice algunas fotos en concreto. Para intentar mostrar mi modo de trabajo con estas imágenes; pero hoy me apetece hablar sobre mi última creación, una fotografía que puede tomarse como pesimista, pero que a mi me gusta pensar que es, ante todo, optimista. Se trata de una foto verdaderamente simple, un simple bolígrafo me bastó para hacerla, además de un poquito de Photoshop, pero que transmite muchísimo.

Os presento el primer «como se hizo» de mi 365:
Día 64: «El ciclo de la tinta»
Últimamente estoy escribiendo mucho, en el trabajo. Y me pulí un bolígrafo entero en poco más de 2 meses. Viendo las manchas de tinta que quedaban en el tubito de plástico a medida que este se iba consumiendo, me planteé en qué momentos se habrían hecho esas marcas, qué habría escrito en esos momentos exactos y si sería realmente importante como para dejar esa huella. Y eso, inevitablemente, me llevó a plantearme lo que es la vida de un bolígrafo, desde que escribe su primera letra hasta que exhala sus últimas palabras. Todo un concepto poético y filosófico que, sin duda, tiene muchos paralelismos con una vida «real». Y de ahí salió la idea para esta fotografía.

Naturalmente, lo único que necesitaba para hacerla era el citado bolígrafo. Lo puse encima de una hoja de cartón-pluma blanco en el suelo con la cámara en vertical mirando hacia abajo e iluminé la escena simplemente con el flash externo ubicado encima de la cámara, para evitar al máximo las sombras.

El resultado original, directamente revelado del RAW, es este:

Imagen obtenida directamente del revelado RAW
Lo primero que salta a la vista, obviamente, es que el bolígrafo no es rojo, si no azul. Originalmente era así (yo escribo en azul, no en rojo), pero por cómo fue evolucionando la idea, me pareció mucho mejor en rojo, al asimilarlo a la sangre como símbolo de cualquier ser vivo.

También se puede apreciar que la imagen original está invertida. Inicialmente, en el momento de sacar la fotografía, no tenía muy claro qué iba a hacer en ese momento, así que coloqué el bolígrafo en la zona con más fuerza visual: en el tercio derecho y con el tapón «mirando» hacia la zona vacía de la imagen:

Regla de los tercios aplicada en la imagen
Una vez realizado el disparo con la menor cantidad de sombras posible, llega el momento de la verdad. Mi idea original era poner, de forma simétrica, el bolígrafo acabado y otro, al lado, lleno; pero al final me decidí por una composición mucho más minimalista y, sobretodo dónde poderle introducir un mensaje más contundente, y que tendría que hacer mediante Photoshop.

Para aquél entonces, ya tenía bastante clara la idea de lo que quería conseguir. Tenía claro que la tinta jugaría el papel simbólico de la línea de la vida (como lo es la sangre, y nunca he visto sangre azul, así que lo primero que hice fue utilizar el filtro Imagen > Ajustes > Reemplazar color para cambiar el color azul del tapón, así como sus reflejos en el metrcrilato, a un rojo que pareciese lo suficientemente real.

Cambio de color en la imagen (mediante la herramienta «Reemplazar color»)
Tenía la intención de identificar cada una de las marcas de tinta con supuestas situaciones importantes de una vida, así que empecé por hacer un listado previo, del que obtuve casi 20 situaciones, lo que implicó plantearme añadir más lineas de tinta mediante procesado (con la herramienta «Tampón de clonado»):

Adición de marcas de tinta mediante la herramienta «Tampón»
Para destacar la composición, como una «mirada hacia adelante» y no hacia atrás, tenía que invertir la composición, para que el aire estuviese a la derecha (una zona con mucha más fuerza visual debido a la costumbre que tiene el ojo a leer de izquierda a derecha. Esta tendencia ocular hace que la zona más destacable de una imagen o de cualquier elemento visual sea, siempre, la zona inferior derecha; en culturas dónde la lectura es en sentido inverso, como la árabe o la semita, esa zona es, por el mismo motivo, la inferior izquierda).

Imagen invertida horizontalmente
A partir de este momento, que ya teníamos marcada la gama cromática de la escena, podemos ver que hay dos zonas que requieren algo de retoque: el fondo gris, que está algo fuera de la gama al tener ciertas tonalidades verdosas y la punta del bolígrafo, demasiado subexpuesto.

Mediante el uso de una capa de ajuste «Exposición» y con una máscara aplicada para que solo afectase a la punta, conseguí darle algo de luz; asimismo, mediante una capa con un degradado en diagonal del rojo del tapón a transparente, con una opacidad muy baja (del 5-8%) me permitiría dotar a las zonas de aire de la composición de un tono más acorde con la gama cromática. Después de estos cambios, además, añadí otra capa de ajuste a la totalidad de la imagen para poder darle algo más de claridad global. Este es el resultado después de estas 3 capas:

Imagen, después de crear todas esas capas de ajuste
Ahora ya sólo quedaba añadir los textos. La tipografía, aquí, marcaba un punto muy importante, ya que una tipografía mal escogida podía no transmitir el mensaje como quería. Tenía que ser, por supuesto, una tipografía caligráfica (es decir: escrita a mano). Con millones de tipografías disponibles, ese primer filtro ya era un primer paso. De entre todas ellas, al final me decidí por la «Wendy LP Light», porque me gustaron sus formas sinuosas y las uniones suaves entre letras.

Empecé a distribuir los textos a izquierda y derecha del bolígrafo, y me tomé mi tiempo para ordenarlas cronológicamente. Pronto me di cuenta que había dos elementos que marcaban (o interrumpían) esa supuesta «línea de vida»: el tapón y la punta. Así que hice que el inicio de la vida (antes de nacer) fuese lo que marca el tapón y la punta, dónde empieza la zona metálica, fuese el final. Como posible forma de morir se me ocurrió un infarto, pues estamos hablando de venas y sangre, y la punta no deja de ser algo que se introduce en la vena y no deja que su sangre (tinta) se escape, taponándola.

Textos aplicados
Era importante que todas las frases empezaran por la palabra «First» («Primero»), pues son esos momentos, las primeras veces de cualquier cosa, las que normalmente marcan algo en la vida de alguien. Todos excepto uno: el último, el final. Marqué también en negrita el primer momento de vida como tal («First breath of air») y el último («Last day on Earth») para destacarlos. Ese último momento, además, también es el único que tiene punto final.

Finalmente, añadí en la zona inferior derecha, el resultado y que para mi le da sentido de «ciclo», dónde volvemos a usar la palabra «First», pero como estamos en otro sitio, fuera de la vida, lo hice en negativo aprovechando que en esa zona hay más ocuridad. En esa frase en negativo, para destacar que todo continúa, lo terminé con puntos suspensivos.

Todos los textos aplicados
 El siguiente paso era vincular esos textos con cada una de las marcas de tinta, así que con la herramienta «Pluma» fui dibujando trazos intentando mantener las curvaturas de la propia tipografía, de la que me copiaría también su grosor.

Con los trazos aplicados
Finalmente, para destacar el punto final, ese momento crucial y que marcan el momento de inflexión hacia el «cielo», hice uso de mi catálogo de imágenes y usé una gota de tinta (aunque no fuese tinta de bolígrafo) que, casualmente, tiene forma de «punto», añadiéndole el mismo color rojo de la gama. Naturalmente tuve que aplicarle una máscara para que la punta del bolígrafo quedase por encima. Un punto en la punta… jeje.

Punto final de tinta.
Como siempre, para darle algo más de contraste a la imagen, añadí una capa de ajuste «Blanco y negro» con un modo de fusión «Luz lineal» y una opacidad del 30%, dando el resultado final, y que podéis apreciar aquí (si hacéis click en ella iréis directamente a la foto en mi Flickr):

Estado final
Espero que esta divagación filosófico-fotográfica os haya ayudado en algo para entrever cómo trabajo mis fotografías en dónde, insisto, acostumbro a darle más importancia al significado que a la forma.

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