19/3/12

Anatomía de una imagen: «Hecho a mano»

De todas las imágenes que llevo hechas para mi Proyecto 365, una de las que más curiosidades técnicas (y más éxito ha tenido, para qué negarlo) es la que realicé para el 1 de marzo, y que consistió en un mosaico de 16 imágenes (ese día me volví loco, lo sé) de varias poses hechas con mi mano izquierda y titulada, obvio, «Hecho a mano»:

061/365 - Hecho a mano | Handmade
Día 61: «Hecho a mano»
Independientemente de la ida de olla que representó idear esa foto –y que me vino simplemente jugando con las manos mientras volvía a casa a pie del trabajo– debo decir que hacerla fue todo un gozo y una estrategia técnica.

Era vital que todas las imágenes tuviesen exactamente las mismas características (exposición, enfoque, composición, etc) así que lo primero que hice fue marcar todo eso.

  1. Escena: lo primero es lo primero. Quería una escena extremadamente simple (para destacar lo importante, la mano): un fondo negro (una camiseta negra colgada de un juego de cuerdas que tengo para tal fin y un cartón pluma negro encima de una mesa).
  2. Trípode: por supuesto, tenía que evitar al máximo ningún posible cambio de encuadre, así que la puse en un trípode sólido y vigilé mucho de no moverme en exceso para no patearlo accidentalmente y tener que repetir toda la serie por culpa de eso.
  3. Enfoque: un tema peliagudo, aquí. Esta foto, al ser de MI mano, y no de un objeto externo, tenía la complicación añadida de que no podía controlar la cámara si tenía que poner la mano en su sitio para enfocar. Como quería que los dos dedos siempre estuviesen exactamente en el mismo sitio, perforé un poco el cartón pluma con un lápiz para tener una guía de posición. Y usé esos mismos agujeros, y ese mismo lápiz, para enfocar la escena. Coloqué el lápiz en uno de ellos y pude enfocarlo con las dos manos libres sin ningún tipo de problema. Una gran ventaja, tener el Live View en mi cámara para poder hacer enfoques precisos de cosas inanimadas o quietas. Una vez enfocado perfectamente, coloqué el dial en modo MF (Manual Focus) para evitar que este cambiase de una fotografía a otra.
  4. Iluminación: simplemente, puse un flexo en la zona izquierda (y un poco por detrás de dónde iría mi mano, encarada hacia adelante, para oscurecer al máximo el fondo negro) para tener una luz lateral, aplicándole un «filtro» de papel de porexpán para difuminarla un poco y evitar sombras duras. Apagué la luz de la habitación y bajé la persiana para evitar ningún otro resto de luz ambiental que me iluminase el fondo.
Una vez tuve hechas algunas imágenes de prueba con el lápiz, capturé los datos de velocidad de obturación que me daba la cámara en modo AV (proridad apertura) y pasé a modo M (manual), dónde asigné esos valores (apertura y obturación) que me daban la exposición que me gustó y que, a la postre, resultaron ser estos:

Apertura de diafragma: f/7.1
Velocidad de obturación: 0,8 seg

Esa velocidad de obturación era excesivamente alta para tener que fotografiar un elemento orgánico, pudiendo aparecer trepidación, por lo que decidí ampliar la velocidad ISO de 100 a 800 para, de este modo, reducir el tiempo de exposición a 1/13 seg (0.077 seg), lo que es mucho más aceptable.

Ahora ya tenía todos los parámetros (exposición y enfoque) en modo manual, por lo que me dispuse a sacar las fotografías.

Si alguien intenta sacarse una fotografía de su propia mano vista de frente descubrirá que no es tarea fácil mantener la posición de un modo suficientemente cómodo, y más todavía si el disparador queda en el lado opuesto, aunque el principal problema es el hecho de disparar a ciegas (no se puede tener el ojo en el visor mientras se coloca la mano en posición. Y quien pueda hacerlo que vaya al circo, que seguro que lo peta… jeje). Claro que hubiese podido ir sacando fotos a ciegas y al tun-tún, hasta conseguir la composición que me gustase, pero todavía estaría probando a estas horas.

Para sobrellevar este handycap, utilicé una herramienta que todavía hoy me sorprende: una aplicación de iPhone llamada DSLRemote y que permite sacar imágenes usando el propio smartphone como disparador remoto. Esto no tendría demasiado sentido de ser por si mismo (ya hace años que existen disparadores por infrarojo), salvo que al usar la interfaz del smartphone uno puede configurar los parámetros de disparo (AV, TV, M, apertura, ISO, etc) y, lo más importante: si la cámara dispone de modo Live View, se puede visualizar en tiempo real lo que ve la cámara des del propio iPhone. Vamos: un juguetito muy mono.

Esta aplicación sólo tiene un pequeño problema: hay que tener la cámara conectada al ordenador (dónde también hay que tener instalada la aplicación de escritorio) vía cable USB y que éste y el iPhone estén conectados a la misma red WiFi (si no existe ninguna, porque estamos al aire libre, por ejemplo, se puede crear una red propia des del iPhone o des del portátil y usar esa). Lo de la red hemos visto que no es ningún problema, pero lo del cable Cámara-Ordenador sí que limita bastante la creatividad en ese sentido; pero bueno, para el caso que nos ocupa eso no era ningún problema debido a que estaba todo muy cerquita.

Una vez configurada la red y toda la parafernalia, simplemente tenía que tener el móvil en la mano derecha, ir moviendo la mano izquierda por la escena hasta encontrar la posición que me gustaba a partir del previsualizado de la propia cámara e ir disparando.

Fue fácil.

Una vez sacadas las 16 imágenes (no necesité más), llegó el momento de procesarlas. Para ello revelé en Lightroom sólo una de ellas (concretamente la de «Mujer saliendo de la ducha» por tener blanco y poder marcar así el balance de blancos fácilmente) y luego copié los parámetros de revelado a todas las demás para obtener 16 imágenes lo más exactas posibles.

Llegados a este punto, obtuve 16 imágenes TIFF a 16 bits cada una de ellas que, en su conjunto y una vez colocadas en una imagen enorme pesaba casi 5 GB y hacía más de 3 metros de ancho a toda resolución. Eso, para mi portátil, fue demasiado, así que reduje la imagen global a un tamaño mucho más procesable: 8000 px de ancho (2000 px por imagen).

A nivel compositivo, distribuí las imágenes de un modo más o menos equilibrado. Había dos imágenes que tenían blanco, sobretodo una de ellas que tenía bastante zona blanca y llamaba mucho la atención; así que opté por ubicarla en la zona «menos visible» des del punto de vista perceptivo occidental (en la esquina inferior izquierda) y, por contraposición, la otra en la esquina opuesta. Luego, tenía claro que tenía que empezar por las más simples («Mujer de pie», «Hombre de pie» y «Niño de pie»), con lo que ya tenía la primera hilada completada. Luego, pensé en ubicar las imágenes relacionadas con los accidentes o la muerte («Suicida», «Hombre caído» o «Escenario de un crimen») en la zona inferior, como colofón. Así que sólo tuve que distribuir 8 de las 16 imágenes en las 2 hiladas centrales, que fui llenando de un modo más o menos ordenado.

Espero que os haya gustado este tutorial y que os haya picado la curiosidad. Merece la pena probar alguna vez una composición de mosaico de este estilo… tiene muchísimo juego.

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