3/1/14

El cabrón del taxista me felicita el año.

Voy tarde.

Acabo de dejar a Nil en la guardería.

Cojo un taxi en la calle Tajo, pensando que llegaré más rápido al trabajo que en metro.

Le doy la dirección.

El tío se lo toma con calma.

Coge Passeig Maragall.

Se pasa la calle Llobregós (por dónde tendría que haber ido para coger el Túnel de la Rovira).

Le pregunto, con calma, que por dónde vamos.

Me dice, a velocidad lenta, que por Virgen de Montserrat (que empalma con Passeig Maragall).

Justo decirme esto, gira hacia la derecha y empieza a callejear, haciendo la ruta del autobús 39 (uno de los que da más vuelta de la ciudad).

Le digo que como me cueste más de 6 € no le pienso pagar (llevábamos 4.5).

El tío me dice que claro que va a costar más de 6 €. Y que tendría que haberle dicho por dónde quería ir.

Le digo que esto, más bien, va al revés.

Nos miramos en silencio por el retrovisor mientras esperamos que el semáforo se ponga verde.

Después de dar vueltas y más vueltas (me conozco esos barrios como la palma de mi mano porque son MIS barrios), llegamos a la prometida Virgen de Montserrat.

Semáforo.

Semáforo.

Otro semáforo que podríamos haber pasado en ámbar, pero no.

Semáforo.

Llegamos a los 6 €. Me quito el cinturón y le digo que me bajo. Que me cobre. Estamos en mitad de la calle.

Me dice que no, que no, que tranquilo. Que mejor empezar bien el año.

Me vuelvo a poner el cinturón, entre gruñidos.

Bajamos hacia Ronda Guinardó.

Coge Ronda Guinardó.

Y para mi sorpresa, en la calle Padilla, gira hara hacer la rotonda, saliéndose otra vez de la ruta.

Con un cabreo evidente, le digo que qué carajo está haciendo ahora.

Me dice que ir dónde le he indicado.

Decido callarme para no implosionar el taxi.

Baja por la calle Lepant.

Girará por la calle Taxdirt, pienso.

Como era de esperar, se pasa la calle Taxdirt por el forro y sigue por Lepant.

Poco a poco, se me van inyectando los ojos en sangre.

En el primer semáforo, vuelvo a quitarme el cinturón y le digo que da igual, que ya sigo a pie.

8.25 € en el taxímetro.

Me dice que no, que me tranquilice. Que el taxi irá más rápido que yo a pie.

Le pregunto que si pondría la mano en el fuego por eso.

Silencio.

Miradas por el retrovisor.

Gira por Sant Antoni Maria Claret.

Semáforo.

Semáforo.

Gira por Passeig de Sant Joan. Al parecer sí sabe a dónde vamos.

En un alarde de ironía, me dice que habrá que hacer la carta a los reyes.

Le digo que yo de él pediría un GPS.

Gira por Travessera de Gràcia y por Escorial para coger Pi i Margall (¡al fin!).

Para el taxi.

9.00 €.

Le doy la tarjeta de crédito para pagar.

2 segundos de silencio.

Me dice que me va a cobrar 6.10 €.

Paso de discutirle esos 10 céntimos.

Pone, con la calma, la tarjeta en el datáfono.

Silencio.

Silencio.

"Uy, error de tarjeta", me dice.

Me cago en sus muertos.

Al final, saco un billete de 5 € y una moneda de 1 € y le pido, casi a gritos, que haga el favor de devolverme la tarjeta.

Me la da.

Le doy los 6 €.

Cojo la puerta y me voy.

Oigo, mientras me alejo, que me dice "Feliz año, eh!".

Si alguien ve a ese taxista, por favor, que le diga que me dejé de darle los 10 céntimos.

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