18/1/16

Cómo iluminar un auto-retrato a oscuras

El mundo del auto-retrato nunca es fácil. Tienes muy claro lo que quieres conseguir, pero no puedes mirar por el visor de la cámara para encuadrar, enfocar y toda la magia que hacemos los que solemos estar siempre detrás de la lente. A mi, personalmente, nunca me ha gustado salir en las fotos, por eso siempre suelo esconderme detrás de algo; pero por algo se tiene que empezar. Así que vamos a ello.

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Enfoque
Lo principal en la fotografía es mostrar las cosas enfocadas. Y en un retrato, con más razón. Si se ven caras, lo ideal es poner el foco en los ojos, que como siempre se ha dicho son el espejo del alma y por lo tanto los que van a aportar el dramatismo, carácter y personalidad a la imagen. Este es, por motivos obvios, uno de los puntos más críticos en un auto-retrato, pues des del otro lado de la cámara no tienes control sobre dónde está el foco real. Pero calma. Hay distintas formas de solucionarlo.

Quizás la más obvia sea usar el modo autofocus de la cámara y ponerse en la zona de influencia en el encuadre para que la cámara haga el resto en el momento del disparo. Pero esa opción, naturalmente, limita la creatividad de la toma, pues te obliga a colocarte en uno de los puntos de autofocus y no siempre es deseable. Además, por poco que te muevas, tienes bastantes números que el foco esté en la punta de la nariz o en la oreja más que en los ojos.

Una opción más segura es aumentar la profundidad de campo (cerrando el diafragma hasta un valor relativamente alto como f/9 o f/11 y/o usando una focal no muy larga y/o alejándose de la cámara) para así favorecer una relativa libertad de movimientos a la hora de ponerse en la escena.

Otra, quizás la menos fácil aunque más precisa, es usar puntos de referencia o marcas para enfocar algo o alguien en la misma posición en la que estarás tú en el momento de disparar y luego bloquear el enfoque para que no se mueva entre el foco y la toma final. Esto es útil, por ejemplo, en un auto-retrato en una posición sentada o apoyado en una pared, limitando de este modo el desplazamiento hacia adelante o hacia atrás de la cámara.

Encuadre
Lo más importante, como en fotografía a través del visor, es la técnica del ensayo y error. Poco a poco verás como vas cogiendo puntos de referencia (aunque puede que aproximados) que harán que vayas haciéndote a la idea del espacio a tu alrededor que entra en el encuadre y el que queda fuera.

Disparador

Naturalmente, salvo que se trate de un selfie, dónde suele verse el brazo del fotógrafo (o el dichoso palo) cogiendo la cámara, deberás usar un disparador remoto. Hay modelos muy asequibles que harán las delicias de cualquiera. Basta con que pongas la cámara en modo temporizador y podrás sacar fotografías a una distancia de varios metros de la cámara. Que el disparador se vea o no en la toma final depende de lo que quieras. Siempre puedes dejarlo ir en el tiempo que la cámara tarda en hacer la toma (¡sobre una superficie blanda!), o luego eliminarlo con Photoshop.

Iluminación
Aquí no hay ningún punto específico para auto-retrato. Sirve cualquier técnica de iluminación que quieras / sepas hacer. La libertad es poder, así que ¡caña!

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Ahora que ya tenemos claros todos los puntos, vamos a divertirnos.

Os voy a mostrar cómo hice mi último auto-retrato, y quizás os sorprendan algunas de las técnicas o soluciones que usé para realizarlo, así que seguid leyendo y luego ya hablamos. Es importante aclarar primero, de todos modos, que cada foto es única y tiene sus propias necesidades o problemas a salvar, con lo que las soluciones que encontréis para cada uno de ellos dependerá de la situación. Lo que contaré es sólo válido, en conjunto, para esta imagen:

01/53X - Alegría

No dispongo de estudio, con lo que, como siempre hago y recomiendo, tuve que buscarme la vida con lo que tengo por casa. Nunca me ha defraudado.

Lo primero, naturalmente, buscar una pared blanca lo más libre de obstáculos posible. En mi casa no tengo de eso. Así que me conformé con una pared blanca y luego ya eliminaríamos los obstáculos (puerta, lámparas, etc) digitalmente. Suelo ser más creativo por la noche, así que como los niños ya dormían y para no molestar a mi mujer con mis paseos fotográficos, me encerré en nuestra habitación, que tenía la suficiente profundidad como para poder trabajar mejor que en el pasillo.

Como quería tener control absoluto de la luz, decidí cerrar la persiana para que no entrase ni un sólo fotón de las luces de la calle, y en un momento posterior apagar la luz de la habitación. Sí, exacto: haría las tomas a oscuras. Es una técnica que usé mucho para la gran mayoría de las fotos de mi proyecto 365 de 2012. Esto me permite, literalmente, poner la luz exactamente dónde quiero, cómo quiero y el rato que quiero. Esto, en escenas inanimadas (como mis fotos de Lego y demás) me permitía hacer fotografías de 20-30 segundos de exposición, pero en este caso, al tener el defecto de respirar y palpitar, para evitar movimientos involuntarios, no podía permitirme exposiciones largas, con lo que opté por los clásicos 1/125 segundos que necesitan los flashes para sincronizar la cortinilla del obturador.

Lo siguiente fue encontrar el encuadre. Como no vivo en un palacio, el único tramo de pared de la habitación que pude usar para no tener muchos estorbos (lámpara de pared y/o puerta), implicaba que la cámara tenía que estar casi al nivel de la cama, con lo que decidí poner el trípode con dos patas hasta el suelo y la tercera pata apoyada en el colchón. Esto me preocupaba sobremanera, pues el peso de la cámara sobre una superficie blanda sin mucha estabilidad no era el escenario perfecto. Es por ese motivo que a cada toma que hacía, para ir a comprobar el resultado, abría la luz para no tropezar con las patas del trípode y tirar la cámara al suelo.

Para ser consciente del punto de enfoque y el encuadre, usé las rodillas para rodear la esquina del colchón que me quedaba más cerca y me tomé un buen rato para calcular posiciones de alturas de brazo y flexión de piernas para entrar perfectamente en el encuadre. De este modo, gracias al tacto de las rodillas y gracias a la apertura cerrada para aumentar la profundidad de campo, podría intuir el encuadre antes de disparar.

En cuanto a las luces, decidí usar una iluminación dura y que marcase las texturas para dar más expresividad al retrato, con lo que opté por una luz principal situada un poco por detrás de mi y en un lateral (mi izquierda, por motivos de espacio en la habitación). A modo de relleno, usé una flash de relleno en el otro extremo, a unos 45º de mi derecha y más o menos a la misma distancia que la cámara, apoyada en la cama, con lo que quedaba más baja para dar unos reflejos expresivos y marcados (la luz desde abajo da mucha expresividad a los retratos al tratarse de una luz no natural). Para blanquear la pared, usé un tercer flash esclavo a máxima potencia a mi espalda apuntando hacia ella.

La posición de la luz principal hizo que el brazo que tenía que levantar era el derecho (de otro modo, éste me hubiese proyectado sombras raras en la cara), con lo que la posición ya vino casi marcada por la habitación en si.

El dibujo del papel fue una impresión en cartulina blanca que cuadré con mi rostro frente al espejo. Para saber cómo quedaba bien para no tener que estar mirando cada 2 x 3, le pegué un trocito de papel en la zona que tenía que quedar en la punta de la nariz. De este modo, cuando estuviese a oscuras, podría notar si tenía la hoja bien colocada. Luego, con post-procesado, eliminé ese papelito que quedaba más opaco en la cartulina.

Y luego hacer test, test y más test. Después de no menos de 15 tomas, conseguí la foto final.

Finalmente, con Photoshop, acabé de recortar el fondo y le añadí un poco de color para darle algo de entorno. También añadí el texto de la camiseta porque, evidentemente, no tengo una camiseta así :)

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